Más viva que nunca - Lara Santaella
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Más viva que nunca

Descripción de la imagen: Una muchacha, con los ojos vendados, se pintarrajea los labios con un carmín intenso. A su derecha, se ve una chica con un papel en la mano y los brazos cruzados.

Hoy, como colofón a este magnífico mes de enero, voy a poner mi alma al descubierto, compartiendo con vosotros algo muy, muy personal que ”coincidió” con el principio de mi transición de género.

Para poder llegar a este punto, sin embargo, primero hay que tirar un poquito más atrás.

De cómo Lara empezó a hacer fotos

Cuando mi señora madre murió decidí, de un día para otro, ponerme en forma. Me dio por ahí, ¿sabes? Me pillé un par de chorraditas —un fitbit, una fitbit aria y una suscripción al gimnasio— y empecé a meterme caña.

Cuando digo caña, no miento. Esta salvaje pasó de no hacer absolutamente nada más que andar de manera ocasional a ir dos horas al gimnasio, de lunes a viernes. De andar quizá quince minutos al día a marcarse caminatas de veinticinco y treinta kilómetros.

Obviamente, funcionó. En menos de seis meses bajé más de treinta kilos, empecé a coger músculo, y empecé a ver a una persona normativamente atractiva en el espejo. A ver alguien al que la gente podría desear.

Aprovechando que tenía una deuda por cobrar con unos amigos fotógrafos, les pedí una sesión de fotos. Quería verme bien por una vez, ver qué podía hacer un fotógrafo profesional conmigo. Y todo hay que decirlo, hicieron una maravilla con lo que había.

El mejor regalo, sin embargo, no fue la sesión de fotos en sí, sino la Masterclass improvisada, ya que se pusieron a editar las fotos delante mía. Ah, cuando vi el potencial del puñetero Lightroom. Ese momento en el que vi cómo usaban líneas de guía, reglas de tercios, planos y recortes. En ese instante se me abrieron los ojos, desempolvé una vieja cámara que tenía abandonada y empecé a tirar fotos, una tras otra.

El “muchacho” de los ojos tristes.

Las fotos, además de lanzarme en la dirección correcta, fueron un triunfazo en las redes, y no sólo en Twitter: todas las putiapps me quemaban en la mano.

Sin embargo, muches pretendientes coincidían en lo mismo. Muy guapo, ese muchacho de la foto. Muy guapo, pero con una mirada triste, vacía, falta de vida. Muy guapo, pero con el espejo del alma sucio y empañado.

Utilicé esas fotos y esas apps —y sus productos— para acallar voces, para tapar huecos, para llenar silencios. Pero mi mirada seguía estando vacía.

Un día cualquiera, hablando con otras chicas trans en un chat de Discord, empecé a atar cabos. A notar comportamientos en común, historias compartidas, momentos clave. A desenterrar recuerdos, sueños y ambiciones. A pensar en disfraces de niñez. Empecé a aceptar que quizá, sólo quizá, no era tan hombre como había intentado convencerme durante toda mi puta vida.

La fotografía de portada está hecha en Metáforas, en el segundo día del Recital de poesía Chilango Andaluz. Os esperamos en La Sin Miedo el viernes 1 de febrero, para el día final. ¡Yo también estaré allí! Mañana publicaré una entrada sobre el Recital, con fotos de los tres días de actuaciones. ¡Valdrá la pena!

Y los ojos se abrieron de par en par

Fue como si un velo hubiera caído. Entré en contacto conmigo misma, empecé a escucharme. Empecé a vivir, y diosa, qué intenso es vivir. De hacerme siempre la fuerte, de ser la tía dura, a sentirlo todo. A vivirlo todo. Y después de tantísimo tiempo con la apatía y la muerte emocional a cuestas, es duro, muy duro.

Notas cada éxito, cada trabajo bien hecho, como una llama que te calienta y te sostiene. Sientes cada fracaso como una daga helada que te hunde. Cada abrazo, cada grito, cada susurro, cada mirada airada… todo se multiplica por mil, por un millón.

Un buen amigo, el maravilloso Rubén Mayo, me dijo que durante toda mi vida había estado negándome el sentir, el vivir. Que lo mejor que me podía haber pasado era transicionar, aún sin haber empezado aún con la hormonación. Que encontrarme a mí misma valía más que nada en este mundo. Y sabes qué… aunque a veces sea difícil levantar el culo de la cama, aunque a veces la mierda sobre los hombros te pese demasiado… estoy completamente de acuerdo.

Estoy orgullosa de poder ser yo, y estoy orgullosísima de poder compartirlo con todes vosotres.

¿Sois socies de mi Patreon? ¿Estáis esperando el PDF maquetado? ¡Lo subiré la semana que viene, con textos revisados y todas las fotografías bien montaditas! Además, podéis dejarme un mensaje y os responderé a la mayor brevedad posible. ¡Y acepto cafés, cafés y más cafés!
Lara Santaella
larasantaellafoto@gmail.com

Fotógrafa, escritora, traductora y diseñadora gráfica. Orgullosamente trans. Disponible para sesiones y encargos. ¡Pregúntame lo que quieras sin miedo!

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