Starbucks, tú antes molabas - Lara Santaella
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Starbucks, tú antes molabas

Hoy he vuelto a ver a alguien al que quiero con locura, mi adorade @alan_raccoon. Este enby se fue a Canadá hace un par de años a buscar suerte, y ha vuelto por Sevilla de manera fugaz para ver a seres queridos, amigues y demás individuas que le echamos de menos.

Tras un largo paseo por el centro, un desayuno poniéndonos al día en Caótica y una visita fugaz a la Galería Zunino (donde la exposición sigue en marcha, niñas), decidimos tirar para lugares que aún no conociera.

Teniendo en cuenta que estuvo viviendo en Sevilla una buena temporada y que conocía prácticamente todos los lugares molones, acabamos en el nuevo centro comercial. Sí, ese mismo. El que no es para nada llamativo, de vidrio y bronce.

Una vez allí, tras visitar tiendas como unas estadounidenses cualquiera pasando el fin de semana en el centro comercial —puro Mallrats, tú— tiramos para Starbucks ante mi insistencia y mi perentoria necesidad de cafeína.

Y ahora sí, el meollo de la cuestión…

Yo fui una adicta a Starbucks

Sí, a primera vista podría parecer que Starbucks es un lugar caro, horrible y demasiado white-girl-can’t-even incluso para mí, pero cuando yo era una criaja, Starbucks molaba, con énfasis en el pasado. No voy a hablar de compras por parte del Grupo VIPS ni de explotación de empleados ni de caras queridas tras la barra, no, voy a hablar de algo mucho más local, personal e íntimo. ¿Volvemos atrás en el tiempo para ver por qué molaba?

Starbucks llegó a España allá por el 2002, y para ciertas personas —entre las que me cuento— fue un soplo de aire fresco en cuanto a ocio. En Sevilla, por ejemplo, no es que no hubiera competencia, es que prácticamente abrió un nicho de mercado. Una cafetería con cómodos sillones y sin camareros que te presionaran para consumir otra bebida más. Un local donde no sólo no estaba permitido fumar (mucho antes de la ley del tabaco de 2006), sino que cambiaban el fútbol de la radio por música agradable. Un sitio lleno de turistas con los que practicar el inglés. Un lugar donde nadie te ponía mala cara por llevarte el ordenador, o el libro, o incluso algún juego de mesa.

He perdido la cuenta del número de páginas que me he leído en esos sillones. De la cantidad de personas con las que he intercambiado palabras en un sillón cualquiera, porque siempre estaba dispuesta a compartir mesa con desconocides. De las partidas de Scrabble con amigues y extrañes. De los ligues y los contactos. De la enorme cantidad de empleades del mismo a los que hoy en día considero amigues.

En Starbucks me he leído de una sentada más de un libro y más de cinco. Ghost Story Skin Game, de Jim Butcher, cayeron en sendas mañanas con un sólo café, al igual que The Shepherd Crown de Pratchett y muchos otros. He arreglado ordenadores, he escrito, tuiteado y trabajado. He pasado mil horas entre sus paredes, e incluso tuve la suerte de asistir a la fiesta del décimo aniversario en Madrid gracias a un concurso.

¿Pero, no es demasiado caro?

Hoy por hoy, piso Starbucks de manera muy ocasional, entre otras cosas por mi rutinaria falta de pasta, pero aunque no pueda permitírmelo, no llego a considerar que sea tan caro como la gente dice.

¿Que vas a tomar un café rápido antes de irte al trabajo o sólo has ido de paso hacia otro sitio? Sí, es caro, prohibitivo y hasta delictivo si me apuras.

¿Que vas a tirarte seis horas en un sofá con una sola consumición? ¿Aprovechando aire acondicionado o calefacción? ¿Con tu portátil, con un libro o con un juego de mesa? ¿Trabajando a solas o reuniéndote con un cliente? Pues qué quieres que te diga, cuatro euros por el alquiler de un espacio de coworking durante medio día no me parece caro, me parece tirado de precio.

Lo mejor: ahora hay alternativas.

Como ya he dicho antes, Starbucks molaba. No ha cambiado gran cosa desde que abrió hace dieciséis años, aparte de retirar la prensa gratuita o introducir un par de nuevas bebidas. Lo que ha hecho que dejara de molar son las cafeterías alternativas en Sevilla.

Porque existiendo Espacio Caótica con sus tres plantas de libros o el Viajero Sedentario con sus tartas… ¿quién prefiere irse a una fría cadena? Estando el Gato en Bicicleta con sus exposiciones o Metáforas con su arte y sus eventos, ¿por qué quedarte en lo estándar?

Pues aquí está el único motivo por el cual visito Starbucks de mes en mes…

Dos años después de salir del armario trans, me sigue haciendo muchísima ilusión ver mi nombre real escrito por otras personas. Sí, soy así de básica. Denunciadme.

Como regalito final, os dejo el mejor selfie que me hecho en años y unas fotillos de mi queridísime Alan, porque está pa comérselo.

Ah, sí. Os recuerdo que si queréis comprar alguna de mis fotos podéis ver las disponibles aquí, y que sólo tenéis que escribirme desde la página de contacto para pedirme más información. ¡Prometo responder cuanto antes! Y si os apetece invitarme a un cafecito

Lara Santaella
larasantaellafoto@gmail.com

Fotógrafa, escritora, traductora y diseñadora gráfica. Orgullosamente trans. Disponible para sesiones y encargos. ¡Pregúntame lo que quieras sin miedo!

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