Un nuevo camino - Lara Santaella
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Un nuevo camino

Por fin terminó el año. Tras decenas de decepciones, tras cientos de alegrías y miles de imágenes, llega un nuevo comienzo.

En este año pasado le he puesto cara a cientos de personas, desde amigas virtuales a las que llevaba tiempo queriendo conocer a celebrities con las que nunca imaginé que llegaría a compartir café.

Y aquí estoy, empezando un 2019 con muchos proyectos entre manos, entre los que está este nuevo diario fotográfico que podréis leer a partir de hoy, unas cuantas exposiciones de las que ya os iré hablando y un maravilloso Patreon con el que espero mantenerme un poquito mejor.

¿Me acompañáis?

Fin de año en Granada

Sin planes, pero con la cámara a cuestas. Una amiga que encuentra una habitación doble en Granada por un precio ridículo. Un fin de año tan improvisado que no sabíamos ni dónde íbamos a cenar hasta quince minutos antes de agarrar los cubiertos. ¿Qué podía salir mal? Todo. ¿Qué salió mal? Nada.

Tras dejar las maletas en el hotel y arreglarnos un poco, nos dimos una vuelta por el Albaicín granadino. Cuestas, callejones estrechos, más sombras que luces y una preciosa noche menos fría de lo que nos esperábamos. No sabíamos lo que cenar, pero Alá miraba por nosotras: si no nos encontramos una veintena de Kebabs y teterías abiertas, no encontramos ninguna. Acabamos cenando en un kebab cualquiera, poniéndonos las botas a base de falafel, hummus y yogur con pepino, tras lo cual agarramos las uvas (miento, eran Lacasitos) y nos fuimos para la plaza del Ayuntamiento.

Multitud en Granada

Me esperaba ver gente, sí. Lo que no me esperaba era que no se pudiera una ni mover. Qué de turistas, qué de autóctones y qué de humanidad, toda junta. Qué de vida.

Sinceramente, era para estar ahí. Les niñes felices de saltarse su hora de dormir, les adolescentes con sus gorritos de fiesta —digan lo que digan, Tiger se ha forrado en Navidad—, el turisteo liándola para bien y los abuelos haciendo videollamadas para celebrar la entrada de año «en compañía»… lo difícil era no pasarlo bien.

Y llegaron los fuegos

Sonaron las campanadas, engullimos las doce chorraditas de nuestra elección, y empezó el despliegue pirotécnico.

Sé que los fuegos artificiales afectan negativamente a nuestras mascotas y a bastantes personas, pero no puedo evitar quedarme tonta ya no con las lluvias de color, sino con la cara de niñe que se nos pone en cuanto la pólvora hace su aparición.

Es pura y auténtica reversión a la infancia. Es Magia, porque brillan más nuestras caras que los mismos fuegos artificiales. Y eso es bueno.

Importante: Esto no es aplicable a los petardos ni a las bombitas, querides. Traerse la música y el cine estadounidenses mola, pero ¿la afición de bombardearlo todo? ¡Mejor dejamos la pirotecnia en manos de profesionales!

Reversión a la infancia

¡Música, maestros!

Al César, lo que es del César: Granada sabe liarla parda. No entiendo cómo puede sobrevivir la industria del cotillón de fin de año en un sitio donde se le da la bienvenida al año nuevo con un fiestón y concierto gratuito en pleno centro de la capital. O si es que sobrevive.

Con música y animación a cargo del grupo Vanidad, que según me cuentan armaron su setlist allá por el pleistoceno y no se les ocurrió renovarla, la fiesta se alargó hasta casi las dos de la mañana. Y creedme que hubo fiesta. Dicen que el alcohol elimina las inhibiciones y tienen que estar en lo cierto, porque hasta ahora nunca había visto a gente bailar así temazos del Dúo Dinámico, de Julio Iglesias o de No me mires que llevo chanclas.

En definitiva, una noche casi, casi, casi perfecta. Sólo faltaba llegar al hotel y descansar para un nuevo día…

Lara Santaella
larasantaellafoto@gmail.com

Fotógrafa, escritora, traductora y diseñadora gráfica. Orgullosamente trans. Disponible para sesiones y encargos. ¡Pregúntame lo que quieras sin miedo!

1 Comment
  • Loli Velasco
    Posted at 23:40h, 19 enero Responder

    Qué fotazas. ZORIONAK!

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